domingo, 30 de julio de 2017

TRAFO Y LA HISTORIA SIN NOMBRES

Eran pocas las veces las que intercambiamos palabras, usualmente eran tan solo: ¡Hola, buenos días! Y un simple ¡hasta luego!
En un principio creo que al verme ella me odio, así, sin más. Simplemente me odio y quien chucha sabe que fue lo que le paso, en verdad que no lo sé. Da igual de todas mangas esa fue su primera reacción, quizá por los tatuajes y por no haberme persignado al pasar por la cruz cerca de la oficina. O tal vez sea por no haber saludado con el besito en el cachete, forma tan aburrida de saludar. Pero me odió la primera vez que nos conocimos.
Se sentaba en su lado de la oficina sin siquiera voltear la muy pendeja, porque estaba pegadaza a su pantalla, tecleando como una loca, se lograba oír como golpeaba cada tecla mientras me iba sentando en mi lado de la oficina, en la esquina derecha, junto a la ventana pequeña protegida con una malla rachel con el fin de impedir que los zancudos y mosquitos ingresen y jodan toda la mañana y parte de la tarde.
Así pasaron meses, enero, febrero, marzo y abril. Siempre en el los mismos lugares, ella pegada a su pantalla, tecleando como loca. Quizá para evitar una conversación. La veía rezar al medio día, seguramente el ángelus. Y recordaba esos años en el internado con los profes que ahuevaban a uno con tantos rezos y misas cada finde, no era para tanto los rezos. Recordaba todo los años encerrado en el internado, levantándome a las cinco de la mañana pues si no lo hacía me quedaba sin desayunar. Hubo varios amaneceres que me quedé sin el primer alimento del día pues desde aquella vez me perseguía una flojera de la cual no he podido librarme hasta el día de hoy.
Aquella tarde fue el comienzo de todo este rollo, preparaba las cosas para poder salir de una vez del trabajo e ir a casa a encerrarme a intentar leer o escribir algo, recogía el cuaderno con pasta negra que compré en un hipermercado una tarde la cuál duele recordar y no por el precio elevado del puto cuaderno, pues ahora absolutamente todo esta caro, vivir es caro, morir también. Por eso apuraba la mano para guardar todo y salir de una vez y alejarme de los insectos que perseguían por todo el campo.
-Trafo, dijo cuando me disponía a ponerme la mochila con todas las cosas en ella.
Quedé estático al oír su voz, suave y melodiosa, una voz de locutora de radio.
-¿Qué paso Yuliana? Musité con una voz grave pues acababa de meterme unos cuantos fallos en campo, manía que también me perseguía.
-Tú escribes ¿verdad?
-Ahmmm, si, como todos. Los informes y recetas de aplicación.
-No, no me refiero a eso. Y dejó caer el lapicero que sostenía en la mano. Ella también preparaba sus cosas y al parecer estaba nerviosa.
-¿entonces a qué te refieres? Mientras volvía a sentarme en la silla giratoria que me entregaron semanas antes, era una silla negra acolchada donde solía jugar dándome vueltas cuándo no había nadie en la oficina imaginando estar dentro de un torbellino.
-Escribes cuentos y poemas, creo. ¿Verdad?
Vaya uno a saber cómo carajos se entera la gente que uno tiene esos vicios peligrosos. Pero ahora su mirada no era la de semanas anteriores, no era la mirada de cuando la conocí.
-Sí, escribo cada que puedo.
-Escribes mucho Trafo.
-¿Por qué lo dices? -Y las ansias empezaban a recorrer todo mi pequeño cuerpo, siempre había oído esas palabras, en todos lados. Como si ellos supiesen lo que significa mucho para mí. Claro, para ellos mucho es tan poco pues en estos años el hecho de dar un poco más de lo debido es demasiado, en un mundo de mierda es donde estamos y ellos llaman mucho y eso emputa como los mil demonios. Las ganas de gritarle lo que se me pasaba en la cabeza chirriaba como los insectos que iban muriendo en los campos, sin embargo solo pude agregar- No
-Es que he leído tus textos publicados en la internet y son demasiados que casi no he acabado de leer.
Y otra vez con todas esas palabras que comienzan a joderle a uno la existencia, decir que uno hace mucho cuando no han acabado de leer ni un puto textito de mierda, pero no, uno ha escrito mucho según ellos.
En ese momento el odio cambio, ahora yo la odiaba y necesitaba zafarme de aquella conversación, esquivar todo lo que iba a decir, levantarme de la silla giratoria cubierta de cuerillo y callarla de una vez por todas, de tocarle las tetas para que empiece a gritar y pedir ayuda, tocarle el culo para que me siga odiando y maldiga el momento de haberme comenzado a hablar.
-Sé que soy un poco tonta y piensas que por rezar a las doce del día estoy jodida y hasta podría decirte que estos momentos quieres hacer algo para que deje de hablar, lo noto en tu cara y en esas manos que te tiemblan. Sabes te he visto mucho tiempo, desde que entraste sin persignarte cuando pasaste por la sagrada cruz donde se sacrificó nuestro señor Jesucristo.
Las manos me dejaron de temblar y la idea de tocarla se me había esfumado por completo, la escuchaba segura, se paró imponente frente a mí mientras avanzaba paso a paso, avanzaba y no podía levantarme para huir, no podía ni callarla, ni menos manosearla ya que hasta esa idea se me escapo y cayó directo al piso que iba soportando sus pasos mientras seguía hablando e iba clavando su mirada en la mía.
-He leído lo suficiente como para darme cuenta que detestas usar nombres para tus personajes, qué prefieres solo dejarlos como meros anónimos, qué dejas el trabajo de nombrar a los personajes. Y puede que tan sólo sea por el miedo a recordar o hasta sea posible que detestas asociar un nombre a una de tus creaciones. ¿Estoy incomodándote?
¿Cómo decirle que si? Si me encontraba pensando todo lo que me decía, dándome cuenta que en parte tenía razón, que mis personajes no tenían un nombre ni menos una historia real que poder contar, que solo escribía de pequeños sucesos que se agigantaban cuando me tocaba narrarlos que eran maravillosos tan sólo para mí y que para el resto le preste atención tenía uno que poder llamarlos de alguna manera. Maldita sea, en ese momento estaba ya arruinado y no podía responder a sus preguntas, no podía responderme a mí mismo.
-Ahm, Trafo. ¿Estás bien?
Preguntó como si no se hubiera dado cuenta que me ahogaba en toda la mierda que había soltado, imaginando que sus rezos no eran más que simples actos fingidos para dejarme al descubierto mientras empezaba a escribir recuerdos de cuando estudie en el internado de sacerdotes que sólo se dedicaban a joderle a uno el día.
-¿Trafo?
Pero no le respondía nada, ella tenía razón, ella, la chica que rezaba todos los días tenía razón en todo. Quería llorar en ese momento y preguntarle cómo había llegado a esa conclusión, cuestionarla en su razonamiento. Pero una erección se hizo presente y no la pude disimular. La vi sonrojarse y paso su mano por su nariz hasta sus labios, volteó a la puerta. A unos metros el personal cruzaba ya el portón verde cada uno con sus mochilas, cada uno con un nombre y yo no había tenido la amabilidad de preguntar, porque solo me limitaba a escribir lo que decían o lo que hacían en campo, mientras yo solo los vigilaba y reía para mis adentros de sus errores y de sus desgracias.
-Veo que te has emocionado, dijo por fin cuando todos los cuerpos cruzaron la salida.
Avanzó hasta estar cerquísima, su rostro ya no tenía el rubor de cuándo vio el bulto ardiente que se manifestaba en mi entrepierna. Avanzó, con pasos presurosos y al llegar a centímetros de la silla giratoria donde trataba de zafarme de aquel instante porque ahora era yo el que estaba nervioso, porque los nervios crecían más como mi erección pues ella empezaba a arrodillarse y sonreía de manera coquetona.
-Sólo quédate quieto, descuida tómalo como acto que nos limpiará de la incomodidad en la que estuvimos sumidos por meses.
La vi abajo, con su mano y sus uñas completamente cortadas que iban bajando la bragueta del jean Parada 111 que usé ese día. Las escenas siguientes fueron confusas y hasta no podría asegurar que paso en realidad. Sus manos hurgando y enfriando mi humanidad que salió al aire libre, sus dientes mordiendo su labio inferior, su boca a diez, cinco, dos centímetros, su lengua en el frenillo prepucial, sus labios apretando, la humedad de su boca, la sensación que salía disparada desde mi estómago hasta mi cabeza y su cabeza elevándose y volviendo a caer a mis muslos, repetidas veces. Todo parecía sacado de uno de los cuentos que vagaba por mi blog, pero muy real.
Tan real que acabo escupiendo todo en el jean levantándose luego pero con el rostro de la primera vez que nos conocimos, si, con ese rostro de odio por no haberme persignado cuando pasé por primera vez por la cruz cerca de la oficina. Cogió su mochila y me aventó las llaves.
-Cierras todo, hasta mañana Trafo.

Y salió sin más, giré unas cuatro veces en la silla hasta que su cuerpo como el de los demás también desapareció por el portón principal. Con un nombre, con una historia que olvide preguntar. Porque me preocupaba limpiar el pantalón y se hacía tarde porque los autos afuera transitaban solamente hasta las cuatro, preocupado porque el reloj daba ya las 3:50 pm y porque al día siguiente tendríamos que volver a decirnos “Hola”


-MELVIN JARA

domingo, 23 de julio de 2017

CAGADOS

Frente a esa capilla te vi desaparecer y nuevamente aparecer. Ese día estuve cubierto de bebidas y otras sustancias que no podría decir con exactitud si fue ese día o tal vez otro. Pero fue ahí. Esperabas el auto que te lleve a un lugar seguro, a casa. Pues en casa todo es seguro, incluso la muerte o el olvido que a fin de cuentas es lo mismo.
La ciudad bullía con personas e insectos que se comen entre si. Frentes verdes y antenas negras, aparatos bucales, maxilas, mandíbulas, labros, labio superior e inferior, lengua, proboscis, ojos, conjunto de ojos. Salvo por los huesos y pellejos los podemos diferenciar. Similares al fin y al cabo.
Llevabas parada dos horas y cincuenta minutos, hacía frío y tus padres habían vendido tus abrigos, defendiéndose dijeron que esperaban mejor clima pero acabaron enredados y finalizaron la conversación con un: No eran ropajes de tu agrado.
Por eso no te persignabas frente a la capilla e ibas preguntándote si no era un castigo divino por andar de incrédula a la palabra del señor creador pues tenías examen de física y por la tarde uno de lenguaje.
Tenías quince años y te importó poco el hecho de que encontrarías a tu madre arrojando humos, enojada. Pues te castigaría sin llevarte al cine a ver la película que detestas, quizá por eso te tranquilizaste y me viste por fin.
Notaste que también yo sonreía, así de a poquito nomás, yo sonreía. Pero recordabas tanto los examenes porque era un examen final y dependías de esa nota para salvar el semestre.
Estabas asustada y se te hacía tarde y no habías estudiado nada y hacía frío y yo tan solo sonreía.
Quién sabe que pasaba por tu cabeza en aquel momento, nada decías y ahora uno aquí frente a tus padres y a los míos tratando de explicar cómo carajos era eso que te embaracé teniendo apenas trece años.
Te veo pero solo susurras culpándome de tampoco persignarme ante la capilla, pero ya no importaba, a fin de cuentas estamos cagados.

-MEVIN JARA

miércoles, 28 de junio de 2017

19:00

19:00
la chica de la esquina dijo que no
dos mujeres pasaron paseando a un perro
y una moto dejó de sonar
línea amarilla
amarilla
amarilla
Los postes huelen a orina
y tengo ganas de mear
pero no puedo porque fumo
un pall mall
y la otra mano la tengo en los bolsillos
voy pensando que me hará bien el camino
pasa el camión de la basura
se lleva recuerdos inutilizables

19:02
las niñas gritan
nadie las oye
por el run run que se come a la ciudad
que cae a pedazos
Intento cruzar la avenida
líneas blancas
continuas
blancas
apago el cigarro
porque no fumo las colillas
saben a plástico
y eso se degrada lentamente
Agacho la mirada

19:05
todos se saludan
pero nadie a mí
será que sólo me queda
un encendedor
y unas monedas para el pasaje

19:15
las cumbias suenan fuerte
como lamentos
con un toque de alegría
Envidio a todos
porque sólo escuchan el tambor
y yo me muerdo los labios
porque me dan miedo los autos
más aún el sonido de las llantas
encerrado en el asiento delantero
Sé que llegaré a casa
pero perderé las monedas
y no tengo nada para fumar
sólo está tonta nota
y el encendedor

19:30

Puede que ya haya llegado

-MELVIN JARA

LA CALLE ES UNA FIESTA

La calle se viste de fiesta
las esquinas son puntos explosivos
de felicidad desbordante
y no lo digo por las niñas
que salen con esas florecillas
que llevan en las manos
ni por sus pétalos frescos
porque llevan sonrisas gastadas
pero sonríen
y el simple hecho de hacerlo
le da la magnitud sísmica
que requiero para continuar
en el trayecto.

Porque las mototaxis
y los boom de los autoparlantes
abarrotan también la calma
por eso hay fiesta en las calles
cláxones dinamitando el silencio
todo es una fiesta
y los peatones van sin saberlo
otros viene
es que nadie sabe estarse quieto
ni las manos que ahora escriben
que es también otra forma de baile

La calle es una fiesta
donde no importa los horarios
ni las señales peatonales
semáforo en rojo
luces apagadas
tintineo
el ruido de las suelas desgastándose
mientras andamos
a un swing  pegadizo

Estoy solo
en esta fiesta
y bailo
rio
lloro
me retuerzo
vuelvo a bailar
porque la calle es una fiesta
que no tiene fin.

-MELVIN JARA

lunes, 26 de junio de 2017

OCOFOBIA

Es que salir de la casa ya no es lo mismo, ya no. Porque ahora he sido testigo de cuatro accidentes, todos seguidos y en el mismo lugar. Y tan solo han pasado tres semanas desde el primer incidente, sí, tan solo tres semanas y ya van cuatro choques, es como si el dolor acompañase ese lugar, como si un manto oscuro cubriera todo y los chóferes pierden el control a causa de visibilidad. En verdad no lo sé porque la otra vez mientras viajaba en rubo a casa una mujer luego de subir su cuerpo y depositar aquella humanidad empezó con una voz entre graciosa y entrecortada: Este lugar, fue en el segundo accidente ahora que recuerdo bien, se ha manchado hace mucho y ya nada queda por hacer. dijo. Y yo no creía nada porque tres accidentes es normal en una ciudad con un tráfico severo. Es normal decía porque aquí los conductores piensan más en el dinero que en sus vidas. Así es esta ciudad, así son algunos conductores y es normal pensar en tres accidentes en una misma curva. Por otro lado también el clima frío y lluvioso de las últimas semanas podría influir en los accidentes pensé también en ese momento. La señora no volvió a decir nada porque se entretuvo leyendo el horóscopo. luego de eso la tragedia que sacudió toda la provincia, no habían pasado ni tres días del último siniestro cuando ocurrió. golpe frontal, ambas unidades desechas, hechas mierda, el impacto las había descacanado, los fierros llenos de sangre y las pistas de rojo con trocitos de vidrio flotando. los bomberos como siempre presentes y con todo el jaleo de la situación. El caos y el desorden como siempre reinaba las calles, será que nadie quiere apoyar al otro y si no se van de mirones es porque están rebuscando solo carteras. Así han pasado los cuatro y todos seguidos y siempre con el mismo resultado de muertos y heridos, de muertos y hombres atrapados entre la lata y los fierros. Sangre acumulada y vidrios en pedacitos nadando en ese rojo escarlata.  Y eso creo que ya no es normal, porque normal son tres veces, sólo tres veces, eso si es normal, pero cuatro ya es algo que se pueda temer por eso salir de casa ya no es lo mismo.

jueves, 22 de junio de 2017

HABITACIÓN DESOLADA.



-Dale que ya es tarde

-Pero recién acabo de despertar y ya quieres que salga. Apresurado las cosas nunca salen bien y lo sabes, espera.

Eran las seis de la mañana y la habitación ocupada solo por André, quién acababa de abrir los ojos luego de una larga siesta, quedaría desolada. Raquel que hacía media hora estaba despierta y ya cambiada esperando ansiosa para poder salir se encontraba en la puerta.

 El tiempo transcurría lento mientras André tomaba un café instantáneo, mientras ella ansiosa con la taza vacía, golpeteando con los pies ese piso de madera. En el ambiente se lograba sentir el petróleo añejo que cubría ese piso que era golpeado constantemente.

-André, ¡apresúrate! ¿Acaso no puedes tomarte algo en serio?
-Es que no puedo salir con el estómago vacío, ya acabe -dijo mientras dejaba la taza ahora vacía y se limpiaba las manos del polvillo de harina que dejaron los panes que comió y recogiendo el pequeño paquete que había dejado la noche anterior sobre la mesa- Vayámonos entonces.

Se incorporó con pereza, aún con el bostezo en la garganta. Cogió la chompa sobre la silla y sin más se dirigió a la puerta.

-¿Piensas qué todo es así de fácil verdad? -Empezó de pronto Raquel, muy enojada y empezó a botar las cosas de la casa, las pocas cosas que había en casa. Volaron por todos lados, las dos tazas, los panes que quedaban sobre la mesa, los cubiertos y el azucarero. Todo al mismo tiempo su grito y las cosas por todos lados de la habitación- Pero claro, el hombrecito no se da cuenta que así nada más no son las cosas, si, porque su estómago es primero y no se fija absolutamente en nada.

-Demonios Raquel, ahora que sucede. Ya estoy listo, ¿vamos?

-No, pues ahora yo no estoy lista, yo no estoy lista ahora. Porque claro, Andrécito solo piensa en él y en nadie más, menuda mierda André, Menuda mierda, lo mismo siempre, la misma cagada de siempre.

-Demonios Raquel, cálmate y dime ¿qué es lo que sucede ahora?

-¿Qué vas a saber tú?

-¡Por eso te pido que me digas!

-No, ya fue. Vamos.

-¿Quieres que recoja las cosas que tiraste?

-¡No!

Salieron de la habitación, ya fuera la calle empezaba a llenarse de la luminosidad del día, las avenidas empezaban a llenarse de ambulantes y de peatones apresurados. Afuera todo era igual, los autos, los semáforos en rojo, verde o amarillo. El casero vendiendo los panes a ocho por un sol, la señora de cincuenta años con la bolsa repleta de verduras, la señorita de veintidós años y su cartera negra, sus medias gruesas y los anteojos marrones. Todo como todos los días salvo André y Raquel que pisaban la calle por primera vez a esa hora y se le venían todos los olores y hedores de la gran urbe.
Sus pasos eran lentos y silenciosos, sus ojos iban hacía todos los rincones de la calle como buscando algo que los saque de esa extraña nube en la que iban, claro que Raquel estaba aún furiosa con las manos cruzadas mientras avanzaba algunos pasos más adelante que André.

Al llegar a la estación de trenes, luego de unos quince minutos de larga caminata. Ambos con los mismos gestos, es decir ella furiosa con las marcas sobre su frente y sus brazos cruzados y él inspeccionando todos los rincones de la calle. Raquel volvía a golpear el suelo con sus tacones.

-Y ahora André, prométeme que no volverás a pisar esa casa, pero promételo por favor. No vaya a ser como la última vez.

-Esta bien R, lo prometo. Prometo que no será como la última vez. Será como una nueva vez.

-Carajo, ¡hablo en serio!

-¡Lo prometo!

Llegó el tren y los presentes comenzaron a formar para poder ingresar en los vagones. Trajes multicolor en una sola fila y ella aún parada con los brazos cruzados, esperando quizá que su acompañante diga algo antes de formar también. Pero este se encontraba viendo los rostros de los formantes, sus trajes y sus zapatos, sus ojos iban también siguiendo a los que iban saliendo de los vagones.

-Entonces -interrumpió Raquel- ¿esta vez si no volverás a la casa?

-Así será y ya -respondió mientras sacaba su boleto de tren- descuida, más bien trata de arreglar todo. Llegarán pronto.

-¡Ja! Eso lo sé.

-Bueno, entonces hasta la otra- Dijo y camino hacía la fila que empezaba a ingresar a los vagones ahora vacíos.
Ella parada aún con los brazos cruzados espero tan solo diez segundos y luego dió media vuelta y regresó por donde vino.

La noticia estalló a eso de las once de la mañana, cinco horas después. Los policías de la ciudad no lograban comprender quién habría perpetrado tan vil acto. Pues sólo encontraron a la mucama llamada Raquel con claros síntomas de haber sido dopada, la caja fuerte vacía y el Conde Martínez con el rostro desfigurado, posiblemente por los constantes golpes que recibió con el martillo que se encontró sobre la cama de huéspedes.


MELVIN JARA.

martes, 30 de mayo de 2017

AMISTADES

                                                                                          (Por estar aquí y en todos los personajes.)



-¡Bah!, ese André no es un buen tipo- escuchaba decir a una de las que te rodeaba.

No sé si sean solo ideas mías o tal vez es la acumulación del cansancio de la semana, por los días sobre las horas/ las horas sobre ruedas/ quedando completamente abatido, lo que me empuja a la necesidad de inventarme esta sensación de odio por todas ellas que ahora te rodean, como si fuera una ronda y ellas tomaran el papel de murallas. Es que, también pueda que no sea necesario imaginarlas a todas ellas odiándome de porrazo como si fuera yo el tipo que aventó el globo que las fue a empapar en pleno carnaval y ellas uniformadas, listas para una clase con la mochila ahora también mojada ¡Y los libros, los apuntes, los calendarios y todo lo demás completamente mojados! Aunque nadie sepa si en verdad a donde irá es a clases, las mochilas se prestan para todo (dímelo a mí). Así me veían todas, miradas llena de gritos que raspan de a poquitos, de esos que cortan delicadamente  a uno cuando siente miedo:

-¡Pervertido!
-¡Idiota!
-¡Vagabundo!
-¡Pirómano!
-¡Embustero!

Y etcéteras salen de sus ojos que son ahora ametralladoras. Me odian y es un sentir tan intenso que cada uno me odia más que la otra, ellas lo toman como un juego porque es fácil, porque eso hacen las amigas. Y así todas cuidando en la ronda para que el lobo no pase la línea, para mantener la tranquilidad de la sala, de las calles, de la nación.  Las veo a todas a regañadientes, levantando las manos como si cargasen algo demasiado pesado, fingen no verme pero lo hacen, son buenas, pero no tanto pues yo lo sé. Incluso sé quién me odia más, de entre todas ellas es la de lentes aunque claro siempre son estas; la del lentes y es que es la más notoria, como me ve y como me sigue con la mirada desde que llego a su campo de visión –dejo la mochila a un lado y te busco con la mirada y ella lo ve todo como en un programa de teve  llena de escenas a cámara lenta, sacó los cuadernos para los apuntes, te busco con la mirada y la suya desaparece, es aquí que tengo pocos segundos para verte directamente a los ojos. Pero ya estás envuelta en otras conversaciones- entonces espero a cruzar miradas para entender el motivo de ese sentimiento tan agrio: por mí, pero ella y por todas ellas. Agacha la mirada, busca en el suelo palabras que ella sabe no encontrará y yo solo veo mis travesuras de colegio cuando molestaba a otras como ellas “Cuatrojos”. Es aquí que deja de verme la de lentes y empieza Juana quien es la más alta de todas, es guapa cuando se voltea y no solo por el trasero, si no por los risos definidos, a ella le hacen casos todas y seguro solo es por el tamaño y los muslos que dejan ver sus jean push-up, ella es la que señala siempre, ha de ser que es la mente maestra de todos los crímenes que probablemente haya cometido el grupo, ve con mayor panorama los asuntos aunque parezca callada, sé que es la que más habla y no se guarda de nada para los insultos, lo digo por sus labios, tiene el labio inferior más grueso, típicos labios que engruesan por soportar los constantes ir y venir del labio superior.

Las demás solo me odian por seguir la corriente, por ejemplo la de cabello quemado solo finge todo pues la vi hace unas semanas yendo al cine -me senté al fondo de la sala, cuando volteé y a tres asientos estaba ella, la de cabello quemado pues es graciosa porque junto al sol logra enceguecer a quienes la molesten aprovechando esos segundos  les empieza a dar golpecitos en la rodilla   a todos y ríe corriendo-empezaba a sudar y se notaba nerviosa cuando me vio, ha de ser que como estaba sola sin las demás sintió que no había motivo para odiarme y por eso no supo cómo reaccionar; por eso digo que ella no siente lo que las demás pero finge hacerlo y sabe fingir muy bien.
A Carola todo le da igual, es que anda ocupada en sus cosas y sus temas- el examen de anatomía, el oral con el profesor de dermatitis, las pastillas que debe recetar a los desahuciados- que ya son tantas como para pensar en alguien y más aún para ese vulgar sentimiento. Aunque su instinto la lleva a detestar a quien ronda a una de sus amigas y eso lo cumple ella con facilidad. Carola a pesar de sus apuros y disparates y el poco tiempo para pensarlo detenidamente, porque también tiene sesión de juzgado y busca interpelar una zanahoria en la corte suprimida, tiene que odiar a alguien y lo toma como un relajo desestresante que no afecta a nadie en  lo absoluto.
Así andan todas ellas cuando quiero buscarte, así son todas: porque así son las amigas, dicen repetidas veces y vuelven al ataque para distraerte:

-Es un animal
-Desquiciado
-Arrogante
-Subnormal
-Pedante

Y otra vez vuelven a la rondita susurrando más improperios, pero nadie está contando, cuatro, cinco, seis, siete; y entre todas han contado hasta ocho para suprimir el gritito final que se guardan de cada madrugada a las 3 am en el baño a escondidas con esas cremas y todo los instrumentos fálicos que cargan en la mochila.

 Así me ven todas cuando se han tragado la mañana sacando los malos deseos y se sienten cansadas, por eso me detestan: porque puedo dejarles los ojos en blanco sin tocarlas ni hablarles. Me odian y se odian también porque no las miro con el detenimiento que anhelan merecer, porque mis ojos te buscan a ti que andas metida nuevamente en conversaciones con todas ellas que me miran y no soy santo de su devoción pero las emociono y eso las encabrita a todas ellas. Pero eso no importa, porque andamos metidos en un lío no tan inusual: yo te busco y tú no quieres que lo haga porque suena menos entretenido cuando ya no me gana el miedo por perder. 

-MELVIN JARA