miércoles, 18 de septiembre de 2019

Mi madre lloraba por haber parido una hija...

Mis padres me pusieron Magdiel. Magda para los más cercanos, Maggy para los amigos más jóvenes, bruja para mis hermanos. Nena para mi madre y Magdiel Rosario cuando mi padre estaba enfurecido. Para ti, como desees llamarme, después de todo los años que cargó encima importan nada, las heridas y golpetazos que también traen son ahora solo manchas en la enorme página en blanco que busco cubrir. Pues me cuesta mucho llenar el aire con mi voz. Sé que te has ido llenando de rabia y cólera conmigo, tal vez por no decir nada sobre y durante tus andanzas para mantenerte de alguna u otra forma en la casa. Pero ya no puedo más, he visto en tus ojos ese brillo suave y tintineante cuando lo ves, esa sonrisa pura que hace que se te contraigan los cachetes cuando te llama, tu nerviosismo y esa gotita de sudor que corre por tu frente cuando te escribe al celular. Y en el fondo me recuerdas a mí.
Claro que hablamos de distintas épocas, tú y toda la tecnología y todos los conocimientos que has ido almacenando en tus dispositivos. Tú y esa amplia gama por escoger y buscar alguien que te sea interesante. Tú navegando en el tiempo a diestra y siniestra.
Yo y las radio novelas, el derecho de nacer y sus capítulos nuevos cada mes, yo y las cartas de hojas de cuaderno com garabatos en ves de letras. Yo y los pocos libros de mi gaveta, los libros tristes los libros alegres los libros azules y amarillos . Yo y mis conversaciones púdicas a las cero horas y catorce minutos sentada en el mueble de la sala frente a la pantalla blanco y negro que solo tenía estática a esas horas. Yo y el Ring para las llamadas de a cinco soles por tres minutos en las filas largas para marcar.
Hay mucho que nos separa y con esto no quiero que pienses que guardo rencor por todas las veces que me alzaste la voz y me mandaste a callar, por las veces que te morias de vergüenza cuando preguntaban si yo era tu madre.
Nada de eso hija mía, vengo aquí con todo el amor del mundo a contarte la historia que intenté borrar por completo de mi vida y quemé esas pocas cartas y libros y todo lo que me ataba al recuerdo de aquel cuerpo castaño, aquellos ojos desorbitados, su pelo negro, sus palabras y el maldito silencio que lo acompañaba. Podría decirse que vengo advertirte.
La tarde fue incierta, tenía el pelo largo y grasoso, un extraño aroma añejo como a vino y cachina. Leía poemas de un tal Niels Hav y gritaba como un loco las palabras que se aprendía de memoria. Un cursi de los malos que bebía y reía como estúpido inflando el pecho como un pavo, Real. Un poco esquivo, vestía camisa manga larga y el pelo engominado. Fueron tardes y noches bajo la luna y el sol, pistas de baile y pasos tontos de moda, manos sudorosas, rosas de plásticos y risas aplausos al salir de cada función.
Mi madre sin embargo lloraba todas las noches en su cama maldiciendo su vientre por haber parido una hija que acabaría limpiando trastes en una casita alejada de la urbe, que probablemente tendría los dientes llenas de caries, al menos las que aún permanecían en la boca que mi madre a esas alturas imaginaba. La panza enorme y constantemente preñada. La casa llena de niños y pañales por limpiar junto a los trastos del almuerzo de ayer.
Los días avanzaban presurosos, el corazón se tornaba débil y calmo cuando él decía que mi cuerpo tenía el aroma del Ron y las frambuesas mezcladas en el mismo aire: "Te rodea muñeca" decía muchísimas veces, mientras se peinaba el pelo, con el peinecito de color celeste que llevaba en el bolsillo del pantalón.
Las cosas de pronto comenzaron a cambiar, él llegaba tarde y dejaba de peinarse. Se quedaba viendo al aire y acentia a todo lo que le decia. Hasta que un día dijo:
"Flaca, esto no funka. Es muy pesado y siento que ya no te necesito"
Dos días después lo vi funkando con una chica maquillada con enormes tacones y pelo corto. Una momia con aires de juventud. Tarde en contarle a mi madre mientras el dolor me destrozaba todas las tardes, noches y mañanas. Sentía como se me salía el pecho, se me secaban los pechos y me apestaba el sexo. Como me pasaba los días frente a la ventana de algún hotel fumando o solo viendo el techo y contando cuantas vueltas daba el ventilador.
Hasta que decidí contárselo a mi madre, cuando ella me encontró entrando a la casa a eso de las tres y treinta y cuarenta y dos de la mañana oliendo a trago y con los ojos rojos. Mi madre lo odio muchísimo. Lo odio y lo quiso al mismo tiempo. Su cabeza llena de complejos. A ella le fue imposible soportar verlo comer un trozo de carne haciendo caso omiso a los cubiertos de la mesa.
Lo amé como las flores a la primavera, con las hojas de mi cuerpo y con todas mis voces. Lo amé tanto hija, que aún por las noches siento oír su voz detrás de la ventana, ingresando con sus pasos raudos y su estupido andar altivo, llega a la mesa y dejaba cualquier cosa sobre la mesa, él odiaba tener la mesa vacía. Lo amé tanto que solo me queda estas palabras para tratar se describir en pocas lineas todo aquello que surgía de mi pecho por años.
Jamás volví a saber de él, salvo por algunos comentarios de terceros quienes se llenaba la boca comentando a voz elevada, mientras levantaban un tomate y se lo llevaban a la nariz para olfatearla,que su actual novia tiene un hijo de cinco a seis años que él ignora. Un hijo que vive con su madre a kilómetros de la ciudad. Que la mujer solo usa su dinero, como tantas otras veces lo hizo. Que se trataba de una reverenda vividora. Pasaron cuatro años cuando me enteré del trágico accidente vehicular dejó doce muertos. Entre ellos él. Lo curioso es que no venía en ninguno de los vehículos accidentados. Al contrario él salía corriendo a tomar la combi que lo llevaría a su trabajo cuando fue testigo del fatídico accidente entre una camioneta Nissan y un minivan de doce pasajeros, para entonces tenía ya dos hijos y un entenado con la chica esa, entró al vehículo y comenzó a bolsiquear a todos los pasajeros que pedían ayuda cuando recobraban la conciencia y volverse a desmayar. Los vecinos que llegaron al lugar vieron como él cerraba la puerta y cruzaba la pista para seguir esperando su combi. Lo demás fue un linchamiento con transmisión en todas las redes sociales.
Mi madre no acertó del todo en aquella historia que suele sacarme algunos suspiros de cuando en vez, claro que tiene que ver muchísimo en cuenta el hecho que haya tenido un final trágico. Pero si tuvo cierto grado de verdad cuando lloraba por haber parido una hija que acabaría lavando trastes...

Con todo el amor que me cabe en el pecho que te vio crecer, tu madre.
P.d. No creí necesario poner lo que quería decirte con toda la historia resumida en esas líneas. Eres mi hija, sé que lo entiendes.

martes, 27 de agosto de 2019

LA CONDENA


Cuando llegó al consultorio tomo asiento en la típica sillita color rojo en el centro de la sala y se limpió el sudor de la frente unas tres veces con el pañuelo color rosa que guardaba en el pantaloncillo de tela. Empezó tartamudeando, con los ojos desorbitados y sin más empezó a contar sin detenerse ni un solo segundo, mientras yo tan solo lo escuchaba:
“La verdad es que no puedo explicar mis sueños. Cada día se me hacen más sangrientos y bizarros, tanto que incluso empiezo a temerlos mientras me siento al borde de la cama luego de despertar. Por ejemplo, ayer soñé que iba en una combi por una de las calles de Huamanga, para ser exactos por la Cinco Esquinas. Esa donde se puede ver gran cantidad de periódicos, carros y peatones inundando todo el ambiente con su fétido olor y también cantidad de vagabundos sentados pidiendo limosna o simplemente vendiendo peines, agujas, carretes de todos los colores, caja de fósforos, dedales y cigarrillos de contrabando. La combi en la que iba era la número cinco y sus colores rojo y azul se distinguían de los demás microbuses. Venía desde mi casa en el seguro de Cannán alto y el tráfico a esa hora era un total asco. Últimamente las calles se han llenado de venezolanos y eso mismo pasaba en mi sueño. Iba yo con la vista enfocada en la acera donde las personas se aglomeran y los rostros se confunden los unos y los otros, donde sus ojos son también tus ojos por tan solo un par de segundos, donde tus manos sienten el sudor de un cuerpo a varios metros de distancia al igual a pocos centímetros. La calle abarrotada me dejaba ver directamente a un vagabundo que levantaba la mano para pedir alguna moneda que cayera sobre ella y la pueda descansar por lo menos un breve lapso de tiempo. En esto una hermosa venezolana que vendía marcianos y sándwiches pasaba con su típico acento ofreciendo su mercancía, la vi pasar cerca del vagabundo que con la mano estirada esperaba se posase en ella alguna moneda. Juro que pude ver sus ojos cuando la extranjera estuvo delante de él, esos ojos inyectados de lujuria y de completo desconocimiento, sus manos dejando de estar estirada para ir a parar sobre el enorme y acorazonado derrier en forma tan descarada que la chica extranjera comenzó a increparle su actuar dejando caer alguno que otro chupete y sándwich. El hombre cubierto con tan sólo harapos y sonrisa sobrecogida quiso levantarse del suelo donde se hallaba sentado intentando huir del lugar antes de llamar la atención de los transeúntes sin embargo, no contó con que la extranjera usase la cuchilla que guardaba en su bolso para apuñalarlo. El golpe que le dio fue tan rápido y tan violento, en medio del insulto que ella musito: mañoso coñesumadre.
El cuchillo fue a dar un par de veces en el estómago del vagabundo, dejando el polo color amarillo con una mancha roja que se iba acrecentando dejando que el ocaso de su ropa grite a todos en la calle. El tipo cayó lentamente al suelo, mientras la venezolana iba alejándose lentamente hasta llegar a una esquina y doblar. Algunos peatones lograron también observar todo lo sucedido, las pocas mujeres que allí estaban gritaron en medio del tráfico atascado de pleno tres de setiembre. Por mi parte pude ganarme con todo el espectáculo pues estaba por así decirlo frente a ellos, sentado en el asiento del fondo de la combi de color blanco con líneas rojas y azules.
El grito de las mujeres avivó a los transeúntes quienes se acercaron rápidamente al vagabundo desangrándose en plena vereda. Las mujeres explicaban una y otra vez que la atacante fue una extranjera, venezolana, por la gorrita que está llevaba puesta y la describían como una mujer de grandes proporciones que vendía marcianos y sándwiches quien saco de su cartera el objeto punzocortante con el cual hirió al compatriota. Las personas en rededor se indignaron y comenzaron a proferir insultos en contra de la mujer que aún no conocían. Inmediatamente una pequeña comitiva salió disparada buscando a la artífice de tremenda falta a un ciudadano peruano. No tardaron ni diez minutos en traer a la mujer quien inútilmente intentaba explicar lo ocurrido;
-        Pero chica, lo hice porque estaba cansada de que los coñesumadres se sientan con facultad de meterme la mano cada que ellos quieran.
Para esto, el tráfico no había dejado avanzar al colectivo en el cual me encontraba, los demás pasajeros bajaron dispuestos a golpear a la mujer pues les parecía algo bien pendejo que siendo extranjera cometa tremenda falta, comenzando a increparle sobre el seguro social, la facilidad de trabajo que se les daba y demás cosas que en estos momentos no recuerdo bien. Puede que todo esto haya sido tan sólo la cosecha de toda la mierda que sueltan los medios de comunicación tratando de enervar a mis conciudadanos para buscar un desfogue de toda la telaraña de corrupción y el maltrato continuo de nuestras autoridades, y es que es mil veces mejor echar la culpa a unos tipos que desconocen de todo esto y solo vienen a tratar de sobrevivir. En esto no quiero defender a nadie solo ser sincero con lo que viene ocurriendo en nuestra sociedad o al menos lo que sucedía en aquel momento en mis sueños
Comenzaron a empujar a la pobre mujer que lentamente se colocaba detrás del colectivo en el que iba y fueron expandiendo el chisme sin siquiera levantar al pobre vagabundo que se encontraba tirado en la vereda sin poder emitir alguna palabra.
Esta parte del sueño fue la que me dejó helado sin poder respirar y minutos después me llevo a despertarme para toparme con un frío de diez grados bajo cero en plena selva, algo que no se veía en cientos de años, el paisaje estaba cubierto de una neblina tan potente que a diez metros uno no podía distinguir absolutamente nada.
La mujer se intentaba proteger de los manotazos que la gente intentaba propinarle colocándose detrás de la combi, para esto yo me levanté del asiento y quise salir para explicar cómo había sucedido todo, no para defender a la extranjera, si no para aclarar el tema y para regañar a todos por no llevar de una puta vez al herido a un centro hospitalario. Cuando el motor de la combi que estaba detrás aceleró con todo hasta colisionar con la combi de la cual estaba a punto de bajar, el coque fue tan brutal que destartalo la parte trasera del vehículo en el cuál venía, dejando para mí sorpresa y miedo total las piernas de ciudadana venezolana deslizándose en el piso de la combi donde yo aún permanecía, sangre chorreando por todos lados como si fuera una bañera, la gente afuera festejando lo ocurrido con;
- ¡Se lo merecía por perra!
- Bien hecho, por no respetar a los ciudadanos natos.
- Que se joda, quien la manda a salir de su país.

Alrededor otros ciudadanos venezolanos trataban de no vomitar y de huir a toda costa del lugar. Por mi parte no me quedó más que bajar del vehículo, avanzar unas cuantas cuadras con los zapatos manchados de sangre, entrar a una librería para preguntar por libros que hablen sobre el salvajismo humano a lo que el vendedor replicó:
-Solo tengo el antiguo testamento, pasillo uno, fila cuatro.
Avance lentamente hasta que por fin pude abrir los ojos y abrigarme con una manta más, sin comprender completamente que carajos estaba pasando en mi cabeza.”

Al acabar los oficiales lo sacaron de la oficina y se lo llevaron directamente a su celda, donde purgaba cadena perpetua, para retirar sus artículos personales y ser trasladado a un hospital psiquiátrico.  



-Narcisiliano Qatsuqui


miércoles, 5 de junio de 2019

MISIVAS DE CORALINE

Tenemos en exclusiva para todos nuestros lectores lo que vendría a ser, según las autoridades pertinentes, la correspondencia entre los acusados de la enorme catástrofe y levantamiento de Ciudad Suárez y La Ciudadela Esperanza, como en los alrededores.
Según el informe las cartas interceptadas son de Javier Gonzáles (32) quien se encuentra en condición de prófugo y viene siendo buscado intensamente por nuestras autoridades. Las cartas van dirigidas a su complice Coraline Bermúdez (27), quien se entregó hace más de tres meses a la comisaría de Alto Despertar. Semanas después, en a carceleta en la cual se encontraba recluida, se halló el cuerpo sin vida de la prisionera quien al parecer se ahogó tragando un pedazo de tela de su sábana. Coraline aseguraba que estaba arrepentida de todo lo que había planeado en contra de nuestra Gran Nación, prometiendo dar nombres y detalles. Lastimosamente la Burocracia engorrosa no permitió que brinde la información necesaria.
A continuación, dejamos en exclusiva las misivas enviadas por Javier Gonzáles. Las autoridades no descartan que los textos se encuentren escritos en clave.



1
Aquí son las diecisiete horas, veinte minutos. Los días han sido suaves, digo esto porque el sol ha salido desde las tres de la tarde, ha calentado las hojas del naranjo y los insectos dormitan entre hoja y hoja. Hoy por la mañana han preguntado por el libro que olvidaste en casa, eran unos niños muy pequeños, tenían tus manos inquietas y temblaban por ojear cada una de las páginas del libro con pasta amarilla y con un título enorme con letras doradas. Corali, te juro que no he dejado que nadie toque tu libro, ni yo me acerqué a él, está en misma mesa donde la dejaste.
Responde a la brevedad, un saludo.
El Jav.

2
Esos pequeños han insistido una y otra vez, al principio lo tomaba con alegría ya que observar sus caritas cuando empezaban a inventar alguna excusa tonta, sus manitas queriendo abrir la puerta, si pudieran tumbarme ya lo habrían hecho. Pero luego comenzaron a dejar notitas en la puerta y las ventanas lo cual lo tomaba con gracia y hasta con ternura. Sin embargo, las cosas comienzan a salirse de control, ayer destrozaron una de las ventanas traseras de la casa. Eliseo, mi hijo, ha llorado asustado e incluso Doggy ha estado aullando toda la noche.
Ahora lo llevo a terapia para que pueda dormir sin despertar gritando como un loco:
- ¡¡Cuidado con esos vidrios que duermen en el río!!
Javier.


3
Por favor, Corali, espero que al leer esto puedas responderme y venir lo antes posible a recoger el libro amarillo que dejaste olvidado en la mesita de noche del cuarto de huéspedes. Te he comprado una flor de plástico, aunque sé que no te agradan, pero no necesitan agua ni se marchitan.
Aunque aún pregunto cómo demonios llegaron a saber los mocosos esos que había un libro amarillo en la casa.
Hoy siendo las veinte horas esos pillos han dejado un grafiti el cual parece un libro amarillo. Empiezo a sentir miedo, Corali, donde estés, al menos responde para saber qué hacer con tu libro.
Javier

4
Ha pasado más de una semana y los niños han ido aumentando, ahora no sólo hay pintas en mi casa, si no en casa de toda la cuadra. Ayer Eliseo llego magullado, se quedó callado en la mesa sin comer ni un solo bocado y no se movió de ahí durante el día. Lo llevé a la fuerza a la cama y al despertar empezó a llorar mientras empezó a contarme casi gritando que en el colegio unos niños encapuchados lo agarraron en el baño y lo dejaron todo golpeado en el piso, los niños salieron huyendo en todas las direcciones, que los maestros y el mismísimo director se mostraron desentendidos cuando fue a quejarse a la dirección. Claro que fui enojado a reclamar el por qué no habían hecho nada en aquel momento y estos imbéciles me dijeron que fue simple juego de niños y nada más. Qué entienda que entre los niños existe aún el lado salvaje de la vida, cosas irrelevantes, sucesos de recreo y riña de mocosos. sobra decir que salí enojadísimo y decepcionado del lugar. Cambiaré a Eliseo de colegio mañana mismo.
¿Entiendes mi situación? escribe pronto, un abrazo.
JAVIER G.
5
Corali, las cosas se han salido de control, ya no solamente la cuadra tiene grafitis del libro amarillo. Ahora la ciudad entera está llena de mensajes y pintas de color amarillo. Ayer, incluso sacaron un reportaje donde varios especialistas debaten en vivo y en directo el significado y lo que representa el color amarillo. Los ataques sin embargo han cesado. Eliseo está bien. Hoy fue su segundo día en el colegio nuevo y lo veo más feliz y tranquilo, me dijo que cada aula consta de solo nueve alumnos. ¿Recuerdas que en el salón éramos más de cuarenta y cinco?
Por favor, agradecería vengas por el libro, en caso te sea complicado pues decirme que hacer con él, ayudaría muchísimo.
Un abrazo.
JAVIER GONZALES

6
Lamento insistir tanto, sabes a mí tampoco me agrada está idea de estar recordándole a alguien sobre algo que ha dejado, no sé si adrede o casualmente. Todo estaría bien a no ser que aquel objeto empiece a ocasionar problemas y disturbios en mi vida que siempre fue tranquila y sosegada.
Coraline, mujer, aparece de una maldita vez y dime qué hacer con el asqueroso libro de mierda que te has dejado en mi casa.
¿Qué por qué me pongo faltoso?
Anoche entraron a casa y mataron a Doggy, el perro de Eliseo, y dejaron escrita la siguiente frase: "¿Dónde está? /se acerca la niña blanca"
De antemano conozco tu erudición y no hace falta explicar nada.
¿En qué carajos estás metida?
Da señales de vida y ayuda a conservar la de esta familia.
Hasta pronto.
JAVIER.

7

Esta debe de ser la séptima carta que mando, claro que ninguna obtiene respuesta. Esto ya es el colmo Coraline, las cosas se están poniendo horribles y todo pasa tan rápido, las casas empiezan a tener ventanas rotas, notas en todas las puertas con avecillas muertas y secas. Ayer por ejemplo dejaron una alfombra con pétalos de rosa con un poco de aserrín y una notita pequeña, todo esto frente a mi casa. Los vecinos salían y tomaban fotos por todos lados, estaban asustados y a veces reían.
La nota esa decía: "Carrozas avanzan a paso lento, al paso muerto"
Si no respondes en un par de días, acabaré entregando el libro ese o quizá lo acabe quemando de una maldita vez. Eliseo se fue con su madre al Ecuador, vivirá con su padrastro Andrés, espero que esa noticia te sea grata. Ya que en lo personal a mí no me ha sido fácil hacerlo, pero en mi corazón prima su bienestar por sobre todas las cosas.
JAVIER.



8
No sabía que aquel libro tuviera que abrirse con una llave Corali, contarte que salí de casa hace una semana, la cosas allá estaba patas arriba, amanecían perros envenenados en toda la ciudad, los parques con flores muertas y picos de aves muertas alrededor de plumas cubiertas de sangre, cementerios con gallinazos sobrevolando el cielo de nimbos y demás nubes.
¿Mi casa? mi casa ha sido destrozada, cada día, cada tarde, cada noche. Por eso hui de ahí, estoy hospedado a tres horas de la ciudad. Me traje el libro conmigo quería leer su contenido, pero no he podido abrirlo por el cerrojo que lo protege. Sabes, creo que no durare mucho, llamé a un cerrajero para que pueda abrirlo y leer esto que me ha traído tanto problema. Te estaré avisando si ocurre alguna novedad, mientras tanto estaré esperando tu respuesta.
JAVIER.

9
Corali, no pudimos abrir el libro, el cerrajero forzó y trató de cortar, pero nada. Alistó sus cosas y salió volando por la ventana con rumbo desconocido y completamente azorado, me dijo en todos los años que viene ejerciendo su oficio jamás se topó con nada similar. Minutos después tumbaron la puerta, rompieron las lunas y destruyeron la habitación. Menos mal salí a pagarle por el trabajo al cerrajero y logré escapar con vida de aquel escándalo. Los vecinos asustados contaron que los atacantes eran niños enmascarados y cubiertos con manteles y sábanas de color blanco, entre juego y verdad dejaron todo hecho trizas, si preguntas por el libro aún lo tengo en las manos ya que lo llevo incluso al baño. Tengo miedo por lo que vaya a venir más adelante. Si saben dónde me quedo será el final de todo. Tengo miedo, no sé qué oculta el libro y ahora tampoco quisiera saberlo, en parte la ignorancia me mantiene a salvo. Solo deseo librarme de todo el miedo que empieza a acecharme cada que saco la cabeza por una ventana, no conversó con alguien y he dejado de comprar el periódico. Espero poder volver a escribirte Corali, las malas corazonadas me han estado rondando últimamente. Enterrare el libro en el viejo árbol donde solíamos jugar mientras reventábamos pompas de jabón, contaré tres pasos desde el tronco y luego iré a la izquierda contando treinta pasos que posiblemente den cuarenta o cincuenta, eso ya lo sabes tú.
PD. Responde por favor, voy cada dos días a ver si ha llegado alguna carta para mí, claro que antes tengo que usar algún tipo de disfraz, sabes he comprado un par de pelucas y bigotes falsos.
PD2: Descuida, Eliseo ya está mejor junto a su madre, incluso ha participado en el tercer concurso interescolar de narrativa y poesía lírica. Aunque tartamudea de cuando en vez, le irá bien.
JAVIER GONZALES.




Y estas, queridos amigos. Es la correspondencia de Javier Gonzáles y Coraline Bermúdez, sindicados por la Guardia central como los autores intelectuales de los ataques masivos en varias ciudades. No se descarta que el asesinato de Coraline haya sido planificado, por Javier Gonzáles, quien también fue compañero de estudios y aún se encuentra prófugo. Las autoridades no descartan que Javier sea la mente maestra de toda esta locura que nos causado serios problemas y gastos por todo el jaleo ocasionado en nuestra GRAN NACIÓN.
Iremos informando más detalles en la siguiente edición.

No se olvide de adquirir nuestro próximo número y ser a usted el acreedor de la cinta que muestra el levantamiento del pueblo y la muerte de estos. Tres horas inéditas captadas por nuestros corresponsales en cada una de las ciudades y ciudadelas.

sábado, 18 de mayo de 2019

LOS RINOCERONTES NO SOLO FUMAN, TAMBIÉN MUEREN.


Y sí, todavía me siento emocionado y muchísimo si alguna jovencita se acerqué o salude coquetonamente, como sucedió ayer. Sentado, fumando un cigarrillo Lucky strike convertible con pastilla de mora y limón. Me levanto para tirar la colilla en el tacho de basura frente a la banca de la plaza de armas de Atalaya. La noche alumbrada por luces amarillas, muy antiguas, que se sostenían de los postes con forma de candelabro. Los insectos volaban alrededor de aquella artificial luz, rodeaban varias veces como enloquecidas la tenue y triste luz. A esa hora la noche huele a tierra húmeda y pasto y tristeza que emana cada una de las personas que pasan alrededor, ya sea en alguna mototaxi o caminando. Con las pupilas como platos enormes, todos volteaban y seguían cada uno de mis pasos hacia el tacho. La gente me veía por como vestía, siempre lo mismo, por como vestía. Y eso que no llevaba gran cosa puesta si no la típica camisa de a cuadros jean y el short con estampado de flechas y triángulos. 
Bajó de una moto, de cuerpo delgado y rostro delgado, común entre la gente de la selva, pero ligeramente alargada en la mandíbula, cobriza, pelo lacio y bien peinado hasta los hombros de ahí hasta la cintura llevaba el pelo desgreñado y ondeado, de contextura pequeña y de ojos negro azabache profundo. Llegué, sin pisar ninguna línea que separaba las baldosas pues iba imaginando estas significarían mi derrota, mi aniquilación total. Puse la colilla dentro del tacho verde con la base oxidada.  En el retorno a la banqueta continuaba ensimismado en mi tonto juego cuando la oí, claro que antes de dejar la mototaxi ya me había dado una mirada escrutadora y avanzó lentamente como si tratará de anclarse en cada, uno podía darse cuenta de la lentitud de sus pasitos. Me detuve a verla con curiosidad, buscando un cigarrillo entre mis bolsillos vacíos. Ella se detuvo frente a mí, suspiro fuertemente y quizá fue la soledad de ambos, ese corazón destartalado en medio de una noche triste o quizá el sonidos de las llantas de las mototaxis que la coaccionaron a acercarse lentamente.
Al estarse cerca a mí, con la mirada más tierna y de ojitos achinados y párpados en constante caída dijo:
- Bue-nas noch-es, jov-en. 
Se arregló el pelo, mostrando los incisivos, caninos con total soltura , bajó la mirada, continuó su andar viendo las baldosas. Avanzó hasta la banqueta contigua, a unos tres metros y medio. Ambos debajo de una enorme palmera muy hermosa de un verde tan intenso como el de una Tettigonia Viridissima. Antes de sentarse volvió a verme y dejó el lado derecho del banco libre. 
Me sentía envuelto en un extraño trance, me ardía el pecho y me temblaban las rodillas, me
sudaban las manos y se me llenaba de gotitas de sudor en el pliegue y borde alar. No era para menos, encerrado tres semanas (es decir un dieciséis de septiembre del dos mil veintidós)  en una habitación de hotel, sin poder dormir a causa de constante golpeteo del piso de arriba que por más que reclamará me decían que eran pequeñas reparaciones sumado a la racha de suerte mala aquel era el único hotel del pequeño pueblo y las pocas veces que había salido a tomarme una cerveza con intención de hacer amistades me tocaba con puro marica que me proponía barra libre si lo cachaba. ¡Carajo! como si tuviera la necesidad de un mecenas del trago. Los mandaba a la mierda o sólo les decía:
- Arranca reconchasumare, no le entró a la mostaza, arranca, arranca. 
Y seguía bebiendo, claro que también me topé con maricas bacanes que replicaban:
- esta bien causita, pero vamos a tomarnos un parcito, no me hagas Roche pe'
Igual acababa ebrio y lateando por algún lar en esta ciudad con casitas de material noble de hasta tres pisos alrededor de seis cuadras de la plaza de armas y las demás con casitas de madera muy pequeñas con aroma alcanforado, techo de calamina con estilo de cola de pato. Atalaya es el pueblo que abre las puertas de su cementerio solo los días sábados de ocho de la mañana a las tres de la tarde; los domingos de ocho de la mañana a cuatro de la tarde. Es decir si se te ocurre morir un día que no sea esos te recontracagaste y estarían con tu cuerpo en la morgue hasta esperar que abran el mohoso y abandonado cementerio que por cierto está incluso más alejado que cualquiera de los cuatro prostíbulos que si abren de lunes a domingo en horarios de once de la mañana a dos de la madrugada, con las mesas y sus parroquianos repletos, bebiendo, bebiendo, solo bebiendo entre los pasillos con luces de neón color naranja o rosa, bajo esteras o un plástico azul y en el mejor de los casos bajo calaminas. 
Aquel saludo me había sacado del Estado melancólico en el que me encontraba, de esos días sudando en la cama, dando vueltas para poder refrescarme. Decidí acercármele, pedí permiso para poder sentarme junto a ella, accedió otra vez con esa sonrisa infantil, sus ojitos negros de pupilas pequeñísimas, como aquel suave rostro soñoliento y sonriente. Parecía un ángel bajo la tenue luz de las farolas, tratando de arreglarse el pelo, frotándose los ojos.
Le pregunté su nombre, de dónde venía, si esperaba a alguien. Pero ella sonreía y se permanecía muda, mirando mis botines algo deslúcidos. Arremetí nuevamente con mis preguntas de como había llegado ahí, su edad (por el rostro y el pequeño cuerpecito le calculaba unos diecisiete años y eso excitaba muchísimo) si tenía un hora máxima para llegar a casa.
Ella solo miraba mis tabas en total mutismo, mientras alrededor otros tíos abordaban a jovencitas que bajaban de mototaxis, solo que a ellos no los saludaban, eran ellos quienes se acercaban a las que estaban solas en sus banquetas.
De pronto la pequeña se levantó y me tomó de la mano sin más y musitó suavemente mientras íbamos pisando las líneas de las baldosas en varias ocasiones:
- Vam-os a bai-lar, este ambi-ente me acong-oja terrible-mente. 
Le seguía los pasos, ella que antes avanzaba lentamente ahora casi corría con sus pequeñas piernecitas, al andar detrás de ella pude apreciar mejor el pequeño y redondo culito que se manejaba, era una mujercita quebradita con las posaderas como de ganso, tenía pechos pequeños pero a quién le importaba eso a esas alturas, ella me había contagiado esas ganas por bailar y oírla mencionar la congoja me hizo dar cuenta de que esa era mi maldita situación y me llegaba al pincho y al mismo tiempo me ponía algo duracell el hecho de que ella me lleve así de la mano por un pueblo desconocido, de la cual poco o nada esperaba ya.
Me llevó alrededor de unas diez cuadras, en las cuales podía ver árboles rebosantes de alegría y colores, saliendo de las casas y dejando sus ramas en medio de la vereda nos agachamos y pasamos por un bar con las paredes de Calamina donde varios tipos jugaban al golpeado y metros más allá unos patitos cruzaban la pista poco transitada, hasta que llegamos a una discoteca que recién estaba abriendo, el nombre del local era "Aquelarre club-disco-bar" Pasamos, aún de la mano, el portero no me cobró nada.
-Pasen, pasen aún es temprano.
Fue lo único que dijo y nos dejó ingresar. Dentro nos topamos con un ambiente de pequeños sofás de color rojo y blanco con mesas de plástico, la barra de bar hecha de caña Guayaquil con un letrero que decía:
                     "Hoy cervezas
                         Pilsen
                         Cristal
                         San Juan
                         Jarras 
                         Desmemorizador
                         Semen de pitufo"
                          
La jovencita me llevo a una mesa cerca de la barra, al sentarnos me dijo:
- Hoy te acom-pañaré, mi nom-bre será Lalia. Y el tuy-o será Lalo, esta-mos en sinto-nía o no?
Reí, enternecido por su vocecilla de ave, trinando en medio del bullicio que decían tra tra tra, pa' tra tra tra pa'. Accedí y le pregunté por las jarras de tragos.  Lalia sonriendo de oreja a oreja me dijo que el Desmemorizador era la mezcla del cañazo con chuchuhuasi más gaseosa inka kola y que no me la recomendaba, que era trago para loquitos. Mientras que el Semen de pitufo le sonaba nuevo, incluso excesivo. Reímos y pedimos tres cervezas San Juan, era temprano y el local aún estaba vacío acabamos las cervezas mientras ella hablaba y decía que se sentía de veinticuatro, que el nombre se lo puso porque le gustaba muchísimo, vivía sola a catorce cuadras de la plaza en línea recta a la muni, que trabajaba en una pequeño restaurante pero la dueña la había echado porque encontró al marido intentando abusar de ella, Lalia se lo dijo pero la matrona creyó al marido y la echo no sin antes llamarla puta, perra, cachera. Pedimos tres más, Lalia acostó su cabeza en mi hombro, no llores Lalia, dije. 
- Nica-gando lloraré, Lalo, estas conmi-go y es lo único que im-porta.
Sus ojos decían que por nada del mundo la dejase sola, sus ojos se anclaban a los míos intentando permanecerse por más tiempo reflejados en los míos. Mientras tanto el lugar comenzaba a llenarse de jovenzuelos que iban abarrotando el local.
Bebimos, bailamos, la gente comenzaba a llenar el local. Ahora el mar de transpiración de cuerpos jóvenes se nos metía por la nariz, olía a sexo, arrechura, cigarros, cloro y pescado. De pronto el local Veíamos tres jovencitas bailando con dos tipos llenos de cicatrices que mientras se movían pasaban sus manos por los pechos y el culo de estas, ellas solo reían. Más allá un grupito de jovencitos gays echaban ojitos a cualquier tipo que pasaba a la barra a pedir tragos. 
bebimos unas nueve o doce botellas cuando ella, que ahora se acurrucaba junto a mí dijo que tenía un hambre de mierda:
- Lalo, me ca-gó de ham-bre. vamos a com-er algo, ya? 
Salimos empujando entre tanta gente que se apretujaba lujuriosamente, tomamos una moto y le dijimos que nos lleve a la plaza de armas, nos cobró dos soles y cincuenta centavos. "Ya es tarde señor, por eso la tarifa sube un poquito" 
Bajamos, empecé a sentirme mareado, ella también porque metía las manos en mi bolsillo y reía:
- Jajaja to-que a Lalito, jajaja.
Yo era feliz estando ebrio, estando junto a Lalia, en la plaza cagándonos de risa, una noche que iba a ser la segunda semana en esa pequeño pueblito a unas veinte horas de la capital y todo por el pequeño saludo. 
Entramos a una pollería:
- Dos cuartos para comer aquí, por favor. Ah! una jarra de chicha más señito, gracias. Nos sentamos y mientras esperamos los platos ella quiso leer un poema, cogió mi celular y con los pulgares presiono dieciocho veces la pantalla, solo para decir que no encontraba el poema que buscaba, que probablemente la poesía ya había muertos horas atrás. Insistí en que busque el poema, me devolvió el celular entonces decidí leer algo mío, se lo dije y sus ojitos se iluminaron, comió tres papas mientras leía el texto que había escrito aquella tarde:

Buscando, perdido y con las tabas llenas de mierda y polvo
el recuerdo de todos los polvos en los que me vi metido
cuantas líneas de polvo blanco han sido trazadas buscando alinear mi desconfiada vida,
 tartamudo falso trotamundo
más falso que todos los billetes que gastaron mis manos
billete tras billete, durmiendo sobre la repisa de alguna veladora. 
Todos tienes un parecido enorme a otras personas cuyos rostros empiezo a desdibujar
baldosas que también cuentan, desde cada una de sus vértices
"Tu dolor es el dolor del proletariado
tan dulce y triste
que ha pasado entre todas las bocas"
calles angostas entre rizos y pelos de ichu
sudores uniformes celeste y verde
azul o gris
fósforos plateados lustrando por luca china 
toda la sangre seca
oscuramente seca y triste
como el pedazo de carne 
colgado en el tendedero de una casa que sabe brindar solo abrigo
cuantas personas habrán pasado frente a los ojos 
y llorado al mismo tiempo
tratando de salvarse de tsunami que nos caerá
/en breve/
Estos carros me recuerdan a todas las veces 
que dijiste saber cuando acabaría nuestras vidas
apocalípticos besos 
que saltan de la línea 
escabulléndose, entre la pastosa suavidad del siguiente renglón
Está plaza llena de manos esqueléticas que intentan acariciar mi rostro
mientras sonríe y se relame un ojo
eso no calma el tic nervioso y tonto 
que cada semana inventaba
pensando si aquel vuelco del estómago
era confundido con las famosas mariposas
ahora otra plaza de viste de luto
carga un maletín mientras come un puñado de tierra
ayer volví a presenciar otro accidente de tránsito 
iba yo detrás, como pasajero
cuando el impacto logró despertarme y presenciar aquel golpetazo frío y rotundo
como el puño de un hombre tomando vuelo
hacia la planicie de un rostro árido
destellos en el cielo, truenos en el cuello
una tormenta en el pecho 
mientras el huayco de nuestro sexo desbarata otras ciudades
pequeñas
preparándonos para la verdadera batalla
que se nos viene, que nos lapida.


Ella no acabó su plato, solo dio algunas bocanadas más y se me quedó viendo, parpadeando lentamente, dejándolos cerrados más de un segundo. Yo que cuando siento el alcohol elevado empiezo a tener un voraz apetito acabe el cuarto de pollo y todas las papas fritas, la ensalada y hasta el aguadito. 
- No que te cagabas de hambre -le pregunté aún con la pierna del pollo entre las manos. 
- Si, pe-ro (mientras sus ojitos se iban hacía la derecha) meee-jor lo lleva-mos a mi ca-sa y acaba-mos allá.
Al acabar eso puso su mano sobre la mía.
- Esta bien y si deseas también le agregamos un vinoco. 
Ella río y asintió con la cabeza, llamamos al mesero y le pedimos una bolsita para poder llevarnos el pollo que ella casi ni había tocado.
Salimos, ahora Lalia ya no me guiaba de la mano, avanzaba a pasos lentos, se la veía triste, le pregunté otra vez un montón de cosas: qué sucede, por qué ahora estas así, tomamos una moto para llegar, compro el vino, estas segura que quieres que te acompañe, eres aún Lalia y yo Lalo?
lo único que respondió fue:
- Vam-os cami-nando, no está tan le-jos. Allá habla-mos. 
Sus pasos en total silencio la iban alejando de mí, detrás iba yo, cargando sus sombras, llevando la bolsita de comida. Durante todo el camino no dijo nada, solo oíamos el ruido de las motos y las pocas camionetas, nos topamos también a ojos sorprendidos y chismosos que nos seguían por una o dos cuadras, si estos iban acompañados murmuraban entre ellos, deteniéndose a cada tramo para voltear y vernos nuevamente. Al pasar la décima cuadra, giró rápidamente y me detuvo, cubrió mi boca con la palma de su mano y preguntó, tenía los ojos casi apagados, soñolientos y muy cansados, casi sin brillo, a pesar de todo eso la podía ver maravillosamente bella, estaba cerca de mí y ya no me sentía el ser más triste del mundo.
Casi llegando a su casa, a unas tres cuadras había pequeño puente, debajo el agua corría mansamente. 
- Pro...promete que no... no dirás nada -Dijo cuando estuvimos a metros de su hogar.
Me sorprendió la falta de energía en sus palabras, pero no dije nada, preferí callar y asentir a preguntar por algo que sin duda la ponía de malas y escarbar en ese dolor podría haber malogrado la noche que parecía mejoraba. Abrió la puerta marrón de su pequeña casa de material noble pintada de color verde. Era de una sola pieza, es decir en una sola habitación estaba la cocina, la sala, la cama y en una esquina el baño. 
- Tom...toma asien...to donde pu... pu...edaaas.
entonces su cuerpo se dejó caer en la cama desatendida y llena de pantalones jeans y calzones de todos los colores y tamaños. 
Me acerqué para asegurarme de que se encontrará bien pero ella inmediatamente sacó una lata de redbull de su almohada, se levantó con tanta fuerza, la abrió de inmediato y la bebió de un solo tirón. 
Al acabar con un sorbo potente y sonoro aventó la lata a la esquina donde estaba el baño. Me vio a pocos metros y se abalanzó a abrazarme con tanta fuerza que me sentí partido en dos. En ese momento, en medio del abrazo, aproveche para tocarle el trasero suavemente, ella no sé inmutó. Pasado un buen tiempo, la verdad no sé si fueron cinco minutos o media hora porque su abrazo era tan cálido y fuerte que me hizo cerrar los ojos y entregarme de lleno al manoseo suave. 
Ella se alejó luego y con voz pausada dijo:
- Sabes, quie-ro vayas a la lico-rería Matterk-ing y com-pras un par de vin-os, tenemos que cel-ebrar esta gran no-che, no es ciert-o. 
Volvió a abrazarme y me besó en los labios, con suavidad, humedad dulce bañada de un rojo carmesí, calma, calidez, su lengua abriéndose paso entre mis labios, entre mis dientes, chocando con mi lengua, entablando una batalla lengual, las dos lenguas enroscándose como serpientes mientras sus manos tocaban mi sexo despierto y mis manos ingresaban en los jeans y tocaban el calzoncito delgado que llevaba aquella noche deseando poder saber el color con la palma de la mano como los ciegos. La pasión que surgió en ese beso fue tremenda, cuando nos despegamos ella tenía el jeans desabrochado, el brassier fuera del polo y sin zapatillas. Mientras mi polo ahora esperaba en el piso junto a la correa de cuero que gane en una pésima apuesta. 
- Y condones, también condones -dije y de inmediato recogí levante el polo y me lo puse, fui a la puerta y antes de abrirla agregué:
- Vendré lo más rápido posible, ve poniéndote cómoda. 
En la calle gobernaba el silencio, no había mototaxis por ningún lado, avance rápidamente, al pasar la tercera cuadra comenzó a caer una pequeña lluvia que se fue intensificando cada vez más. era entrada la madrugada, a la octava cuadra el cielo se partía a pedazos y chorros de agua caían en todas las direcciones, eran como baldazos de agua sobre cada metro cuadrado del piso. llegué a la plaza y por suerte pude encontrar una moto, le pedí que me lleve a la licorería Matterking, el mototaxista no era de la zona, llegamos pero estaba clausurada hace unos tres días. El mototaxista me dijo que a unos cinco minutos del lugar había un market con todo, accedí y en el trayecto me fue contando que había escuchado sobre el Matterking:
- Socio, así a la volada - mientras aceleraba, tenía la parte delantera de la mototaxi con un plástico transparente para evitar mojarse- datearon que esa licorería era en si un chongo con pura peladita de quince a diecinueve añitos. Dentro había cuartorios y toda la mierda. Eso aquí es normal loco, lo malo es que todas las peladas estaban con el bicho. Dicen que en si cerraron ese lugar por eso. Ya que el sobrino del alcalde salió infectado.
Me dejó en el market, pedí que me esperará unos minutos para poder volver rápidamente a la casa de Lalia y cobijarme entre sus piernas. Le adelante el pago por el viaje de vuelta e ingrese al market.
Dentro, empapado, compré los vinos y la cajita de condones, pensé en lo que dijo el mototaxista, pensé lo peor. Salí asustado del lugar, la moto había abandonado el lugar, la lluvia seguía cayendo con más fuerza. una mototaxi azul pasó tocando el claxon, la detuve y le pedí me lleve a la plaza de armas, en la plaza pedí  entrará al costado del municipio y siga de frente unas catorce cuadras.
-Tío, te dejó en cinco cuadras, es que por el puente suele desbordarse el río y es peligroso. además ese puente podría colapsar en cualquier momento. 
tamare, dije pero accedí, cinco cuadras más cerca, solo eso sonaba en mi cabeza, iba imaginandola desnuda, su vagina juvenil de labios rosados y con poquísimas conversaciones, los vellos finísimos sobre su pubis, el marrón de sus pequeños pezones, su ombligo tembloroso, la calidez de su sexo, la humedad que pronto también se apoderaría de nosotros y también lloveríamos para nosotros, entre nosotros, por nosotros, de pronto el chófer se detuvo:
- Ya causa, hasta aquí nada más te traigo, ves putamare ya ha crecido el rió de mierda, provecho con las tabas, jajaja.
Baje, no le dije nada y le di las tres lucas que me pidió. Mis tabas estaban muy mojadas como para pensarlo dos veces, cruce el puente donde el agua marrón y espeso corría, había subido unos ocho centímetros sobre el puente.  Anduve las dos últimas cuadras. Aguachinado, pero las ganas por estar dentro de Lalia eran tremendas que sin darme cuenta avance y ya estaba en la puertecita marrón. Toqué tres, cuatro, cinco, diez veces, quince veces, veinticinco veces. No hubo respuesta. La cólera me comenzaba a invadir. ¿Acaso era el juego de una chiquilla aburrida? empuje la puerta con todas mis fuerzas tres veces hasta que se abrió, caí dentro y al levantar la cabeza el cuerpecito desnudo de Lalia pendía en la viga del techo, la soga la hacía ir de aquí allá suavemente, como en un péndulo, una piñata humana preparada para el golpeteo de los asistentes. Las bolsas se me cayeron al piso, corrí a levantarla. En la cama una nota en una hoja de cuaderno A4 me detuvo :

No le digas a nadie, 

"ADEMAS YA ME LAS TOMÉ ANTES DE CONOCERTE"
Gracias.
xoxoxxxoo

cerca de la almohada dieciocho blíster de clonazepam vacíos. 
en ese momento lo comprendí. Me acerqué lentamente a ella, detuve su cuerpecito con suavidad, dejo de tambalear en el aire, besé sus pies y sus dos rodillas, tenía el pubis depilado, un tatuaje de flor de loto en el ombligo que había sido modificado y se podía notar claramente, pechos pequeños de enormes pezones amarronados. También besé su lunar de la rodilla derecha, cerré sus ojitos, tendí su cama, limpié su baño, barrí el pequeño ambiente suyo. Antes de salir apagué la luz, recogí las bolsas de vino y ponchos. Cerré la puerta lentamente, para no hacer ruido alguno y dejarla descansar en paz, sobre el cuadro limpio de su habitación. Cuando llegué al puente saque los condones de la bolsa, los guarde en el bolsillo trasero y solté la bolsa y los vinos, vi como estas desaparecían en el agua oscura y barrosa, mis tabas estaban hechas mierda, llovía y lloraba mientras volvía a leer la hoja A4 mientras la lluvia la iba deshaciendo entre mis manos:

No le digas a nadie, 

"ADEMAS YA ME LAS TOMÉ ANTES DE CONOCERTE"
Gracias.
xoxoxxxoo

Agradecía, como si aquellas últimas horas hubieran sido las más emocionantes, junto a un tipo que botaba un pucho pensando en un futuro caché.

-Narcisiliano Qatsuqui.


viernes, 8 de febrero de 2019

Los suaves juegos de Susanita

Para ser honesto ahora realmente pienso concienzudamente todo eso que andan diciendo, a pesar de que lo sentido en aquellos momentos me gritan lo contrario esos aromas guardados en mi olfato, los cachorros con quienes vine a parar al estercolero en el que a duras penas logro encontrar una pequeña piltrafa. Ellos juran que Susanita ya tenía absolutamente todo elaborado. Sabía bien cómo y qué pensaba su madre, se escondía detrás de los muebles cuando su madre se distraía o estaba en alguno de sus dispositivos móviles y se le quedaba mirando largo tiempo.
 Así que decidió llevarse el cachorro más flaco y pequeño, pues que puede hacer un pequeño animal si no alimentarse de lo poco que le pueda dar. Por eso una tarde, esto lo dicen ellos y para ser muy sincero hasta empiezo a creer absolutamente todo. ella llegó al basural y empezó a vernos a todos los que en esa mañana rondábamos las bolsas de basura, negras, azules, blancas y rojas o quizá naranjas, amarillos. Siempre bolsas y en una que otra ocasión algún pequeño o gran costal. Los olores y hedores mezclados, dejando el ambiente ácido y rasposo. De pronto me vio, moviendo la cola llena de sarna y las orejas casi descostradas rebuscando en la bolsa blanca que solo tenía agujas y vidrios, pero había un olor extraño, uno que me iba atrapando completamente y dejaba de importarme esos cosquilleos y la sangre que goteaba de mi nariz. era el más pequeño del basural y ella se me acercó, quitó la bolsa blanca, colocó dos pastillas en un trozo de pollo y me los puso a unos pocos centímetros. Imagínese para un can como yo, Callejero y hambriento, ese pedazo de pollo fue el paraíso, sí, el paraíso a tan solo centímetros de mi boca, a escasos centímetros el cielo. No sabía que desde entonces ella usaba pastillas desparasitadoras en cada pequeño trozo de carne que trajo. Después limpió mi nariz y lo cubrió con un líquido morado, a los ocho días la vimos llegar esta vez con unos guantes de látex y una jeringa con una extraña sustancia. Para entonces trajo galletas en forma de huesitos y en forma de corazón, eran deliciosas, pero pequeñísimas, al sentir su aroma me le acerqué moviendo la cola y la oreja que ahora iban cicatrizando, empezaba a crecerme pelo después de tanto tiempo.
Los cachorros de la zona decían que me empezaba a ver de la putamadre y por eso dejé que pinchara con esa maldita jeringa. Me dolió, pero creía firmemente en Susanita. Así entre visitas inesperadas paso lo que sería un largo mes, cuando ella llegó en una camioneta, ahora sé que era de su padre, un tal Ernesto. Se detuvo y me llamó con un poco de sus ya conocidas galletitas. corrí como un loco, con la lengua afuera y la cola moviéndose y las orejas alegres y estos ojos cubiertos de alegría y el olfato con ese aroma a rosas y jazmines a polen de azucenas a hojas de naranja con un poquito de anís y hierba luisa, ahora la oreja y la cola las tenía completamente sanas y libre de caracha o sarna. Susanita metió de un solo alce mi pequeño cuerpo en el coche y le dijo al chofer, puesto que su padre estaba en alguna de sus importantísimas reuniones en alguna de sus importantísimas industrias azucareras de la zona.

 - ¡Arranca!

Se detuvo a los veinte minutos, en mi pecho una alegría desbordante hacia mover mi pequeña cola y me palpitaba el corazón de tanta alegría, mierda mierda mierda mierda iba a tener un hogar. Al bajar del carro me sentí nervioso y quise vomitar. Mojé cada una de las piedras que pude ver a mi alrededor, cada poste, cada pequeño trozo de árbol en lo que Susanita llamaba a su puerta, No hubo respuesta. entonces ella me alzó y sin decir nada me aventó encima de una pared de al menos tres metros de altura, Susanita era muy fuerte y pude pasar tranquilamente. Lastimosamente no soy como uno de esos felinos que siempre caen parados, caí hecho mierda, por poco y me lesiono una de las patas traseras. No lloré pues dentro vi árboles y pasto y aves y ramas y la alegría me desbordaba porque tenía tantos lugares nuevos para marcar. Espera a que Susanita entre y empezáramos a jugar, pero nada de eso paso. Pase oliendo todo en el jardín, marcando, persiguiendo a las aves y viendo a un gato marrón que se posó en una de las paredes a observarme mientras se lavaba los bigotes y el cuerpo. Le pregunté su nombre y el muy marica de animal ese, miraba siempre con desdén lamiéndose las bolas, el culo y la cola. A la noche llegó Susanita y su madre, su padre al parecer seguía en una de esas reuniones importantísimas en la azucarera. La madre de Susanita al verme rápidamente cogió una escoba y empezó a perseguirme por todo el patio armando tremendo follón:

- ¡Asqueroso animal! ¡¿quién te dejo entrar en mi hermosa casa?! ¡Lárgate!

 Fue entonces que Susanita salto, con lágrimas en los ojos, para defenderme con todo el coraje de sus pocos años de edad. - Por favor madre, no lo deslome. Mire que es un perrito desmedrado, verá que nos encariñaremos y pueda que haya caído a nosotros para entregarnos alborozo. Susanita era hija única y siempre se hacía lo que ella quería, su madre aceptó luego de oír el pequeño discurso de su hija y me pude quedar en su casa. Durante esa semana estuve comiendo huesos que sacaba la madre y Susanita, galletitas y una que otra avecilla que se posaba en el jardín. Corría por todos lados, en el mar verde, los troncos que se volvían una jungla, no había bolsas a mi alrededor, solo hojas secas y hojas verdes, ramas, un techo verde que me cubre del otro techo azul. pasaron tres meses llenos de juegos y mordidas cuando todo cambio. Susanita ya no paraba en casa, ahora salía desde la mañana y regresaba muy entrada la noche. si no fuera por los pajarillos que se posaban en el patio me hubiera aburrido fatalmente. Al menos la comida era algo de lo que nunca me podría quejar. Fue un domingo, y es por eso que ahora creo todas las cosas que dicen de ella aquí en las calles.
 Que desde un principio ella de deseaba llevarse al rottweiler de enorme cabeza, pelaje casi al ras del cuerpo, ojos de un color café, negro y enorme que también estaba abandonado, pero que sabía que su madre no la dejaría y por eso empezó llevando al perro más feo para acostumbrar a su madre, cómo les contaba. Ese domingo, Susanita me puso una cadena y me dijo qué saldríamos a pasear, al salir la camioneta esperaba afuera, yo emocionado iba moviendo la colita alegremente, saldríamos a pasear que cachorro no se alegraría, dígame usted. Entonces lo vi, en la camioneta, en el asiento de atrás. con su hocico enorme babeante y esa nariz mojada, esos horribles incisivos y caninos, esos ojos negros y el pelo negro y marrón. Enorme y babeante, Susanita me quitó la cadena y corriendo abrió la puerta de la camioneta. Brancco, que así se llamaba el rottweiler, ni bien tocó el suelo, debo decirles que ahora él también lucía completamente curado ya que antes se lo veía sarnoso y pulguiento, saltó hacia mi tumbándome al piso y mordiendo una de mis piernitas traseras. Lo único que hice en ese momento fue correr lo más lejos y cerca que pude, para poder ver a Susanita y ella me vuelva a salvar. Pero no fue así, Susanita acarició a Brancco y le dio unas galletas, volvió los ojos hacia donde yo estaba y riendo dijo:

-largo, perro de mierda.

 Lo que sucede es que Susanita había amado al perro bravo y sabía que amigos suyos, de esos mayores que ella tenía, apostaban la vida entera en las peleas callejeras y Brancco era en un rechuchaumadre que podría partirles el culo a cualquier perrito de mierda. Luego todo es conocido en estos lares, ella y Broncco entraron a la casa, su madre nunca le preguntó nada acerca del pequeño animal. Dicen en las calles que Susanita meses antes de asistirme ya alimentaba al terrible Brancco con sendos trozos de bife y que sólo esperaba que ese terrible animal la acepte, es que Susanita miraba con ojos brillantes al Brancco desde que vio como revolcaba al mismo tiempo a cuatro pequeños cachorros. Ahora que pasó tanto tiempo, y sigo en mi basural, me acabo de enterar que el rottweiler atacó al padre de Susanita, lo intentaron salvar, pero el perro atacó a todos en la familia dejándolos gravemente heridos. Si hubiera sido yo el padre de Susanita y toda su familia hubieran acabado tranquilos su faena y hubiéramos jugados con alguna rama de su patio hasta casarnos y quedarnos dormidos con la lengua fuera y el corazón enorme. Pero no importa ya nada de eso, saben de cualquier manera solo lo estoy pensando, cada vez más seriamente. Aunque los olores que regresan de vez en cuando me indiquen lo contrario, que podría hacer si, de cualquier manera, soy tan solo un perro del basural.





-Narcisiliano Qatsuqui.

sábado, 28 de julio de 2018

DÍA DEL GARROTE

Fue un viernes como hoy, hace veintiséis años. Todo comenzó una mañana tranquila, en las radios los programas de moda eran aquellos que más discusiones tenían. En los sets de televisión habían largas colas de mujeres con el cuerpo totalmente desnudo, habían también familias que incluso peleaban, algunos iban a los arañazos y moratones. La noticia en la prensa escrita iba desde violaciones hasta aprovechamiento de los recursos del pueblo. Pero a nadie le importaba tanto estas cosas. Total, es la pizca de sal perfecta para el caldo de cultivo que como sociedad hemos ido cocinando.
Como bien dije, comenzó un viernes como hoy, porque muchos se preguntarán ahora que ya es un día institucionalizado y respetado a lo largo de toda nuestra selva, Sierra y Costa. Desde el sur, centro y el norte de la República Peruana. Dieciséis de julio, señor. Al siguiente día, no sé supo nada en los diarios porque en aquel entonces solían publicar lo que “conviene" al país, así que la noticia salió cuando ya hubieron más casos.
Todo comenzó en Lima centro, once dos puntos cuarenta y dos. El individuo identificado como 18191547 acababa de sufrir un asalto a mano armada, cuando lleno de indignación y hastío, cogió una varilla de acero de aproximadamente unos cuarenta centímetros de largo, por unos dos centímetros de diámetro y comenzó a golpear al delincuente que iba revisando la billetera del agraviado. El tipo llego a darle sesenta y dos golpes, todos con el fierro. Llegando a romper la cabeza del asaltante reconocido como 34678998. Las fuerzas del orden entonces llegaron a la escena del crimen y lo llevaron a una celda donde luego fue juzgado y condenado a tres años de prisión efectiva, quiero decir tres años luego de todo tipo de apelaciones y amparos y cuanta documentación se tuvo que presentar para bajar los treinta años que querían dar en primera instancia. Los vecinos del lugar donde ocurrieron los hechos comenzaron a publicar por las redes sociales, esa misma tarde, el vídeo del brutal acto que fue tomada por la sociedad como una manera eficaz de frenar la delincuencia, ya que las autoridades al parecer andaban coludidas a estas, al punto de no saber a quién recurrir. En sus post solo se leía el enojo que estos cargaban luego de ser víctimas también de otros tipos de robos. Al día siguiente, a eso de las tres y veintitrés de la mañana, un sujeto de mediana estatura identificado como 92190400 fue atacado por dos adolescentes quienes con un cuchillo en la mano lo despojaron de sus pertenencias dejándolo acostado en el piso sin corté alguno. Al parecer el chico gritó y despertó a los vecinos quienes invadidos de cólera salieron y molieron a palos a los dos pillos. La policía nada pudo hacer y tan sólo recogió los cadáveres írreconocibles de ambos chiquillos. En las noticias tampoco se oyó de este lamentable hecho. Claro está que en las redes sociales habían videos y algunos post que insinuaban al levantamiento del pueblo, ante tantos robos y violencia por parte de los fascinerosos, quienes ya no temían a las autoridades corruptas, hubo publicaciones virales de juntas vecinales arengándose a tomar la justicia por sus manos. Habían tantos likes y compartir que uno al verlos recordaba con nostalgia las cadenas de curación y el compartir de Amén que tanto circulaban por aquel entonces, la gente llena fe siempre estuvo presente.
Lo mismo pasó al día siguiente en dos distritos de Lima. Y al siguiente día en tres distritos. A la semana había sido asesinados muchos delincuentes, incluyendo comercializadores de pasta básica en varios puntos de la ciudad, la policía nada podía hacer en contra de la muchedumbre que cada vez empezaba a salir a las calles llevando bajo la chompa una varilla metálica. Los diarios comenzaron a hablar del grave problema de la muerte a garrotazos y que no era lo correcto. En las televisoras recordaban que gracias a la ola de agarrotamiento la delincuencia había bajado diez por cierto esa semana. En las radios los locutores agradecían a los pobladores y su nueva lucha, esperando que está se intensifique y se pueda por una buena vez eliminar toda delincuencia. Pronto en menos de un mes, todo el país era testigo de agarrotamiento a los delincuentes. En cuarentaycinco días los asaltos se redujeron a cero. Los noticiarios celebraban poder caminar tranquilos por las calles sin ser víctima de algún asalto: se puede beber con libertad decían en dos o tres programas para adultos. En algunos periódicos sacaban tips para elegir un garrote fuerte y liviano. Las televisoras ahora presentaban los videos más sanguinarios tomados por usuarios de los diez más brutales agarrotamientos de la semana. Claro que siempre maldiciendo al delincuente que era atacado ya sea por la turba o una sola persona. A los dos meses era raro oír sobre algún asalto en las ciudades, las mujeres llevaban garrotes que emitían choques eléctricos para sentirse más segura.
Parecía que llegaba un tiempo de cambio para el país, un tiempo de calma a una sociedad tan golpeada por la delincuencia cuando se oyó en las noticias que dos mujeres se agarraron a garrotazos en un mercado de la sierra peruana por, y esto no es alguna broma, dos kilos de melón coquito. Al parecer las dos llegaron al mismo tiempo y pidieron al unísono el último melón que quedaba. Comenzaron a jalarse la una a la otra, cuando en medio de la riña se acercó el comerciante, ambas mujeres sacaron de su cartera varillas de metal y comenzó la pelea que acabó siendo una batalla campal. Al tercer mes las autoridades de la mano con los medios de comunicación empezaban su campaña para evitar que las personas lleven varillas de Protección, puesto que cada pequeña pelea ocasionada, disputa o simplemente porque alguien caía mal a un grupo de personas, comenzaban a llover garrotazos de todas partes y en todas las direcciones. En Palacio de gobierno, el presidente caminaba dando vueltas en la pequeña oficina de su despacho, se notaba asustado y preocupadísimo, tenía ya las uñas muy cortadas de tanto mordérselas. En plena reunión decidieron enviar un mensaje a la nación, donde indignado, el mandatario comenzó a amenazar a todo aquel que vuelva a ocasionar algún incidente que acaben en garrotazos, dijo que los metería preso y que no importaría si fuera una ciudad entera. Seguido de esto agradeció a todos por comprender, se persigno y acabó con un: “Amén, hermanos”.
La población se asustó al ver a las fuerzas Armadas y la Policía en todas las calles y todas las plazas, tanquetas en la casa de Pizarro. Fue entonces que los garrotazos pasaron a ser algo así como un deporte más. A escondidas y alejados de la ciudad, comenzaban a reunirse semana a semana más personas desde jóvenes a personas muy maduras, mujeres e incluso autoridades locales. Todos rodeados, con sus garrotes de última generación, comenzaban a correr y golpear a quien se tuviese cerca. Claro está que para estos juegos comenzaron a crear reglas, siendo la de mayor rigor el de llevar su vara forrada para así proteger la vida de los demás participantes. Al sexto mes en los trabajos muchos llevaban moratones y pequeños hematomas, muy pocas veces en la cara. Los permisos por fracturas comenzaron a aumentar desenfrenadamente. En la tele todos los programas invitaban a especialistas en Reumatología. En los periódicos comenzaron a aparecer anuncios de armaduras de ule. En las radios sonaban el electro y la propaganda:
“cuida tus huesos, cuidado hermano, no vaya a ser, que se te dañen. Y sufrirás y lloraré, porque ahora es muy difícil, movilizarse”.
 Las autoridades estaban tranquilas pues a estos los protegía la defensa del país. Pasaron siete, ocho meses y las cosas empezaron a empeorar en el país, más del cuarenta y cinco por ciento de los trabajadores del país se hallaba ausente con permiso médico por alguna lesión o producto de tantos hematomas. Aunque había disminuido el porcentaje de asaltos y demás crímenes, al parecer la ciudadanía había tomado el camino del garrote como desestresante. Esto lo supieron luego de enviar durante el noveno mes a sus informantes y censantes. Al decimos mes se reunieron congreso, jueces, fiscales, ministros y el mismísimo presidente. Bebieron vino de cinco dólares la copa, pisco de cuarenta y dos grados con un valor de quince dólares el shot, whisky de veinte dólares  cada hielo y completamente ebrios aprobaron una ley que al año siguiente instauró el “Día Del Garrote”.
Se dijo también en la reunión, entre voces gangosas y rostros sudados, que se usarían los estadios para las celebraciones, plazas y colegios para poder darle al ciudadano la oportunidad de desestresarse una vez al año y golpear el garrote contra un vecino suyo, decidieron que deberían usar máscaras también para evitar posibles ajusticiamientos, la medida del garrote y el grosor del recubrimiento, la cantidad de golpes que se podría dar a una persona, etc. Pero claro que todas esas indicaciones que tomaron en aquella reunión las tienen ustedes en las cartillas que se les entregó al inscribirse. Ahora que saben un poco más sobre cómo se instauró en nuestro País el día del garrote puedan ustedes rememorar a sus conciudadanos quienes también buscaban que su voz logre hacerse valer en el tiempo. Gocen que este día es especialmente para ustedes.” “Pueden pasar los de las puertas A, B y C” “Repito, pueden pasar los de las puertas A, B y C.” 

Cuando todos hubieron ingresado, por los parlantes se pudo escuchar un tétrico Amén.



-Melvin Jara.

sábado, 9 de junio de 2018

CASO NRO 321 ABARRACIN FERNANDEZ

Poco a poco la imagen frente a la pantalla comenzó a envejecer, la nariz y las orejas comenzaron a crecerle, el rostro se llenaba de arrugas, la piel del cuello le colgaba ligeramente. En el margen derecho de la pantalla:

Edad Actual: 23 años
Edad estimada: 57 años
Monto Ofrecido: 19041992.00 nuevos soles
Beneficiarios: 
Honorata Agustina Fernández Puya (Madre)
Doménico Albarracín Fernández (Titular)*

* Al monto ofrecido se le restarán el costo de las operaciones por problemas hepático, pulmonar y cardiovascular. En caso someta a algún tipo de tratamiento.


Los ojos de la simulación parecían las de un maniquí y esto le provocaba un poco de miedo, mientras su mente aún trataba de leer correctamente la cifra que podría cobrar su madre, observaba bien los numeritos mientras mentalmente los iba contando: unidad, decena, centena, una de millar, decena de millar, centena de milla, unidad de millón, decena de millón. Diecinuevemillonescuarentayunmilnovecientosnoveintaydos nuevos soles. Hacia una lista de lo que podría comprar con ese dinero, una casa en la playa la cual podría alquilar, abrir un restaurante o un bar, quizá ambos, un salón de belleza y una barbería. Podría comprarse un auto y hasta quizá dos y alquilarlos, podría incluso con lo que le sobrase practicarse una pequeña cirugía para que pueda verse más joven y radiante. Tantas cosas que podría su madre hacer con todo ese dinero que le ofrecía el gobierno para reclutarlo como soldado y pueda combatir por su país. 

La noticia había llegado a él por medio de unos volantes que repartían en el mercado central, el tipo que le dio el papelito le dijo: 
-Compañero, todos tenemos problemas económicos. Por eso el estado está dispuesto a ayudarte, sólo tiene que demostrar tu amor a tu bandera –Se dieron un fuerte aprentón de manos como despedida. 

Luego de dos meses de indecisión, un infarto a su madre, el embargo de la casa, la medicina, la poca cobertura del seguro, el miedo a perder a la única mujer que logró amarlo como era. La idea de luchar por su país aún le daba miedo, se veía cayendo al piso, lentamente como en las tantas películas. Antes de caer en la depresión, sonrió al verse sobreviviendo, se vio victorioso en el campo de batalla, levantando el arma, cubierto de lodo y sangre de los enemigos, sudor y hambre en todo su cuerpo. 

-Entonces, si acepta. Tiene que colocar sus manos en esta pantalla para poder escanear sus huellas dactilares –dijo la señorita, sus ojos volvieron a leer la solapa que tenía su apellido, Ramos. 

-Disculpe, tengo una pregunta ¿el dinero se lo entregan inmediatamente o cómo es el trámite? –dijo mientras limpiaba sus sudorosas manos con las toallitas que entregó la señorita Ramos, tenía unos ojos pequeños y una cara alargada. Por un momento la cara de aquella mujer también empezó a envejecer en su imaginación, el rostro con la nariz más grande, la oreja engrosada y los lunares como colgajos horribles en la cara. Los senos erguidos caerían y serían también peso extra en un cuerpo cada día más cansado. Pensó en lo que ella también tendría que haber recibido para enlistarse a las fuerzas armadas de su país.

- Pues, verá. Se realiza dos abonos, la primera de un 30% del monto total –mientras sus dedos se deslizaban rápidamente- es decir cincuentaysietemilcientoveinticincomilnovecientossetentayseis soles. La cual se realizará a más tardar nueve meses luego de embarcarte a tu primera misión –Sacó de su gaveta un formulario, le indicó un cuadrito- aquí pondré la cantidad de misiones que tendrás que realizar, serán cuatro. A la segunda misión  el abono volverá a ser del 30 por cierto. Se le entregará una tercera de 40 % y cuando llegues a casa luego de las misiones se te tratará en los mejores hospitales del estado, acabado esto se te entregará lo que reste del monto antes ofrecido. Tienes alguna otra pregunta. 

Todo lo que la Srta Ramos decía sonaba mecánicamente, llena de números y porcentajes, lleno de cuotas y abonos cada cierto tiempo. De pronto ya no podría comprar la casa e instalar los negocios, quizá ahora tendría que dejar que su madre elija, era ella quien elegía siempre después de todo. 

-¿Entonces solo tengo que poner mis manos en la pantalla? –mientras dejaba caer la toallita de papel sobre la mesa. 
Colocó ambas manos sobre la pantalla, esta cambió de blanco a verde, rojo y finalmente blanco. 

- Ahora diga acepto las cláusulas del contrato con voz firme y clara –y Ramos insertó el formulario en la impresora. Mientras tecleaba frenéticamente- Listo, ahora con voz clara y fuerte.

-  ACEPTO LAS CLAUSULAS DEL CONTRATO. 

Ramos lo vio a los ojos, parecía triste pero acabó regaladole una sonrisa que a leguas se notaba fingida. Quizá le recordaba algún familiar que también se había enlistado y no volvió jamás. Había escuchado muchas historias sobre soldados que se enlistaron y murieron antes de llegar al campo de guerra ya sea por algún misil o alguna bomba lanzada a su movilidad. Sin embargo los pocos que regresaban del campo de batalla llegaban a su casa un mes y luego partían rumbo a otro país a vacacionar de por vida, al menos esas eran las fotos que se veía en los muros de los cuarteles. 
La impresora emitió pitidos rápidos y el formulario salió disparado, ahora se veía su rostro y sus datos personales. La señorita Ramos revisó un momento el documento, copió el código de cuartel y presionó Enter.

- Firme aquí por favor Sr. Albarracín –señalando una línea al final del documento, mientras con su mano derecha sacaba la hoja impresa. 
Firmó mientras escuchaba las indicaciones:

- En dos días tiene que acercarse al cuartel número 32, en caso se le dificulte llegar tiene que saber que hay movilidad ese mismo día en la plaza de armas de la ciudad. Debe saber usted que los soldados del país son tratados con respeto por su valor y su entrega al país. La movilidad sale a las 3 de la tarde, tendrá usted ahí a 29 compañeros de primera tropa. Si no tiene otra pregunta, le entrego su boleto y su contrato para que su madre pueda tramitarlo ya mismo. Si fuera posible, mañana.

Firmó rápidamente –era increíble lo rápido que el estado acepta soldados sin saber siquiera si en verdad aman a su país, preguntaba Albarracín. Su madre decía siempre en las reuniones familiares que no comprendía a su hijo pues no dejaba nunca de hablar. Ametrallaba todos los rincones de la casa con su vocecita, que desde que aprendió a hablar no había dejado de llenar la casa de ruido, de alguna historia que podía esconderse en los cuartos o entre las macetas de la casa. La señora Honorata no comprendía como su pequeño hijo podía contar tantas cosas a la vez- recibió la hoja con el boleto impreso, quiso besar a la srta Ramos, pero ella ya había estirado su mano.

- Un placer, valiente soldado por amar tanto a su patria. 

Sacó tres caramelitos de una bolsa escondida en su gaveta, solía hacerlo con todos los voluntarios. Le hacía sentirse caritativa con aquellos tristes jóvenes. 
Probablemente, pensaba ahora ella, Albarracín seria usado como carnada en alguno de los ataques perpetrados en busca del posicionamiento de otro país que podría incluso ser el suyo, se sentía mal pues si esto pasaba su madre no podría cobrar su segunda cuota y que tendría que conformarse con el primer bono el cual tendría que sufrir del corte del 10% de retención como impuesto de guerra. Que si sobrevivía a la primera misión que duraba un año, no podría ver a su madre pues entraría en capacitación y lo someterían a análisis para saber su condición médica. Que varios médicos darían un veredicto. Que probablemente prueben nuevas drogas con él por tres meses y lo manden a países a matar niños que se mueren de hambre. Y si en caso volvía, lo dejarían ir a casa por dos meses, que lo citarían al médico un par de veces más, que sería tratado por psiquiatras para ver la magnitud de los traumas almacenados en tanto genocidio. Que ahora probarían nuevas pastillas, experimentarían con su cerebro tratando de ver cuánto soporta el cerebro humano que si no acaba loco, acabaría suicidándose y en el mejor de los casos podría ampararse en la ley que exoneraba al soldado de un año de misión a cambio de llevar diez muchachos a inscribirse al noble ejército estatal. Quería contarle la verdad, pero sabía que si no se limitaba a realizar su trabajo, tendría problemas y podría desaparecer de la noche a la mañana y que nadie se inmutaría, salvo las madres del orfanato de donde salió firmando también un formulario similar para poder ayudar a mantener a quienes ella consideraba una familia. 

- Sírvase, noble y valiente guerrero –dijo y su voz casi se quiebra. 

Albarracín tomó los caramelos y salió metiéndose los tres a la vez antes de abandonar la oficina. Me gustaría continuar y decirles que Albarracín logro sobrevivir, pero Ramos acertó y el chico murió antes de llegar al campo de batalla, en las noticias solo salió que un buque del ejército estatal había caído bombardeado por los del estado Irascible, que fallecieron 1500 soldados. Felizmente su madre no supo de la muerte de su hijo pues falleció a los diez días a causa de otro paro cardiaco, que no llegó a cobrar nunca el 30% del monto que ofrecieron a su hijo por entregar su vida a la patria. 
Albarracín, antes de morir iba también inventando una historia como esta y se la contaba a sus compañeros mientras su nave iba siendo atacada por el enemigo, como en casa iba dejando que su voz se apodere de todos los rincones, ya no sentía miedo porque tenía la confianza de que regresaría a casa, que su madre estaba en buenas manos, que entregarse al ejército estatal era una bendición en su vida, menuda mierda ¿o usted opina distinto?